En estos días de reflexión debido a la cuarentena, debido a la pandemia que ha azotado al mundo desde principios de año, he pensado bastante acerca de la vida, los planes, las metas, y sobretodo como las cosas pueden cambiar de dirección en un instante, o simplemente detenerse. Quién no tiene anhelos, objetivos que desearía cumplir, lugares a los que les gustaría viajar? Pareciera que desear y soñar con una mejoría es parte de la naturaleza del ser humano, o almenos parte de mi naturaleza, acaso soy el único?

Pero y entonces, que sucede con el ahora? con el presente? con lo que tenemos en el momento? Dónde queda nuestra realidad? Me niego a creer que la vida se trata de una constante búsqueda sin respuesta, que estamos condenados a recorrer nuestro viaje con la vista tan fija en el próximo paso que descuidemos el hermoso paisaje que nos rodea, la brisa que nos acaricia, las personas que también caminan con nosotros.

Quiero estar presente, quiero ver hacia el cielo pero sin despegar los pies de la tierra que me sostiene, buscar la mejoría sin dejar de disfrutar las cosas que son mi realidad ahora... si no empiezo ahora, cuando lo haré? cuando llegue ese mañana y luego tenga que ver hacia atrás y con nostalgia las riquezas que tenía y que no percibía?

No es fácil el proceso de abrir los ojos a las maravillas que constituyen nuestro presente. Es un reto constante, aun más cuando nuestro ambiente esta constantemente bombardeado con una publicidad que vende una realidad perfecta, una casa gigante, un vehiculo de lujo... Entonces también tenemos redes sociales donde cada cual expone solo sus luces y sus éxitos, facilitando aun más la competencia constante por alcanzar un determinado estilo de vida. Hay que hacer una pausa y debe ser una pausa consciente.

Talves esa pausa pueda ser un viaje, un alejamiento de la cotidianidad para acercarte a ti mismo, o simplemente decir una palabra que rompa la corriente. Quizás tu pausa pueda ser la palabra "gracias", para mi lo fue. Esta mañana me desperté con ganas de agradecer. Agradecer por todo lo bueno que tenía en mi vida, y agradecer por lo no tan bueno y lo que he podido aprender de ello, y al hacerlo me di cuenta de que hay muchas cosas que doy por sentado y por las cuales puedo agradecer, empezando por la posibilidad de respirar el aire de un nuevo día.

Cómo ha venido esta pandemia a sacudir nuestra cotidianidad y ponernos a pensar en las cosas a las que les damos importancia!... Mis planes también cambiaron, mis anhelos se podran haber alejado un poco, mi meta talves esté ahora unos pasos mas lejos, pero yo sigo de pie en mi camino, que no sera el más perfecto, pero es en el que estoy y al examinarlo me doy cuenta de que tiene muchas cosas que lo hacen un camino digno de recorrer. 

Me reconforta saber que mi felicidad no tiene porque depender de un objetivo, de un lugar, y que recorriendo mi senda puedo sacar un momento de respiro y agradecimiento, mirar a mi alrededor, reconocer el sol que me calienta, el viento que me refresca, y agradecer la maravilla que representa el solo hecho de tener un camino por imperfecto que pueda ser. Disfrutar del regalo que nos hace a todos parte de una experiencia colectiva en este preciso indtante, tomar una bocanada de aire, dejarla ir, caernos, levantarnos, reir, llorar, aprender, crecer... en otras palabras, vivir.

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